Entre la vigilia y el sueño, la pasión...
La literatura, la escritura y el mundo que nos rodea, inspira a los amantes de la tinta y del papel a no permanecer en silencio. Todo sirve. Un artículo periodístico, una foto, un cuento o una anécdota. Todo. Lo importante es poder comunicar y compartir las vivencias que nos mantienen despiertos.
domingo 15 de enero de 2012
jueves 20 de octubre de 2011
Salir de la quietud y resurjir
http://locuspersis.blogspot.com
Las agujas del reloj siguieron su camino y a su paso quitaron las hojas del calendario en una cruel conspiración para ocultarme. Querían ahogarme en el olvido, querían demolerme, en complicidad con mi peor enemiga.
Me sentí débil, me sentí vencida...
Pero una ráfaga de viento infló nuevamente mi alma...
Aquí estoy.
He vencido a la quietud.
Las agujas del reloj siguieron su camino y a su paso quitaron las hojas del calendario en una cruel conspiración para ocultarme. Querían ahogarme en el olvido, querían demolerme, en complicidad con mi peor enemiga.
Me sentí débil, me sentí vencida...
Pero una ráfaga de viento infló nuevamente mi alma...
Aquí estoy.
He vencido a la quietud.
domingo 1 de agosto de 2010
¡AY, la tecnologìa!
http://locuspersis.blogspot.com
Estoy escribiendo en compu prestada porque la muy quisquillosa, que tengo en mi escritorio, se enojó conmigo y no me obedece.
Estoy escribiendo en compu prestada porque la muy quisquillosa, que tengo en mi escritorio, se enojó conmigo y no me obedece.
En poco tiempo (espero) estaré de vuelta.
Saludos a todos
jueves 17 de junio de 2010
Gol- Gool- Goool- Gooool
http://locuspersis.blogspot.com
Sé que hay otras fotos que no concuerdan con esta alegría.
Pasó antes y pasa ahora.
Pero esto también es parte de la cultura argentina
¡¡Desde pequeños!!
Hoy, la mayoría de los argentinos estuvimos pendientes de un partido.
Con el "vos", el "che", el "pibe", el "laburo", con el mate, el tango y el dulce de leche...fútbol
¡..Y somos así..! ¿Qué vamos a hacer?
GOOOOL!!!!
jueves 10 de junio de 2010
Para alimentar el alma
http://locuspersis.blogspot.com
Estoy pasando por un momento muy particular de mi vida profesional. La verdad debería decir un montón de cosas bastante pesadas. Sin embargo, como es un blog de escritura y literatura, prefiero dejar el pensamiento de un poeta al que admiro muchísimo, no sólo porque fue un docente de alma (que sufrió el gobierno de turno), periodista y escritor oriundo de mis pagos matanceros, sino porque nadie como él describe lo que siento hoy.
Qué curioso: este poeta del siglo XIX sufrió cosas muy parecida a las que sufro hoy en el XXI. ¿Por qué será?
¡Avanti! (I)
Pedro B Palacios
Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsecación asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz, se me figura,
que se mellan los garfios de la suerte...
¡Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de su muerte!
¡Piu Avanti! (II)
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo
y arremete feroz, ya mal herido.
TEn el tesón del clavo enmohesido
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido.
Procede como Dios que nunca llora
o como Lucifer que nunca reza
o como el robledal cuya grandeza
necesita del agua y no la implora.
¡Que muerda y vocifere vengadora
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
¡Molto piu avanti! (III)
Los que vierten sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son sus cadenas
para limar la de los otros antes;
Los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, ...¡sobrantes!
¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡Nunca sigas impulsos compasivos!
¡Ten los garfios del odio siempre activos,
los ojos del juez siempre despiertos!
¡Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!
Etiquetas:
Grandes poetas argentinos
sábado 22 de mayo de 2010
La lavandera
http://locuspersis.blogspot.com
No es la primera vez que comparto con ustedes una hiostoria de mi familia, especialmente de Doña Elena, mi abuela paterna. Mujer decidida y valiente, con sus pro y sus contra, pero valiente al fin.
Ya no queda nadie en vida que me cuente sus historias y a veces temo que se me olviden. Es por eso que las comparto con ustedes, para darle vida otra vez. Al menos, durante el tiempo que dure la lectura.
Sabía que algún día las cosas se iban a poner feas pero tenía tantas deudas que no podía detenerse. Ser mujer, joven, madre y soltera nunca fue una buena combinación, especialmente en los pueblos del interior a cominezos del siglo XX.
No era justo que se le partiera la espalda en el fuentón de lavado o se le quemen las manos con las brasas de la plancha para ganar una moneda y que alguien piense que llevaba una vida fácil. No señor, no era fácil. Como tampoco era fácil criar y educar hijos sin la compañía del padre o ser una empleada doméstica y rechazar las propuestas indecentes si quedarse en la calle... Seguro que no... pero no imposible.
Los pensamientos de Elena podían adivinarse con sólo ver el modo de retorcer la ropa; parecía que retorcía su propia vida tratando de sacar todo mal recuerdo.
- Hola, buena moza. Aquí le traigo un poco de trabajo- dijo el hombre dejando una bolsa al lado del fuentón de lavado. Los ojos de Elena llenos de fastidio se cruzaron con la mirada libidinosa del visitante. Sabía lo que estaba buscando realmente pero sólo atinó a tomar la bolsa y arrojarla a un costado.
- Epa... despacito, muchacha... - y agregó con una sonrisa burlona- ¡...me gustan las fieras!
Con una mirada desafiante Elena le demostró su molestia. Los chicos vieron la escena y corrieron hacia la casa a esconderse pero el mayor se que dó a su lado por si debía estrenar su reciente adultez defendiendo a su madre.
- Pasado mañana tiene la ropa...- Estaba molesta con ella misma pero no pudo rechazar el trabajo.
El invierno hacía que el día fuera más corto y el trabajo más duro; las manos dolíandespués de tanto refregar ropa ajena. Sin embargo, era momento atender dolores sino de darle la cena a los chicos y llevarlos a la cama. En la oscuridad, quizás, encontraría un momento para sumergirse en sus pensamientos y dar rienda suelta a sus recuerdos.
De pronto, un ruido la sobresalta y la deja casi sin aliento, y ve como la puerta de madera se movía reflejando la sombra de alguien que intentaba entrar. El terror casi la había paralizado pero el suspiro de ensueño de uno sus hijos la fortaleció. El intruso, que no reconocía límites a sus intenciones, metió la mano por la abertura que quedaba entre la puerta y el marco para quitar la tranca y entrar. Pero Elena no lo permitiría, ¡no señor, de ninguna manera! Casi sin pensarlo, tomó el machete que tenía sobre al aparador y le asestó un golpe en la mano.
A la mañana siguiente, luego de darle a sus hijos el desayuno, los dejó bajo el cuidado del mayor. Ni el frío ni la llovizna iban detenerla. Se envolvió en un poncho y salió a terminar lo que había comenzado la noche anterior.
Era casi mediodía cuando llegaba al tercer hospital en una recorrida obsesiva. Y allí lo encontró, sentado en la sala de guardia con la mano vendada, la mirada del hombre ya no demostraban deseo sino un odio feroz y un dolor intenso.
- Tomá - le dijo extendiendo su mano- acá te dejo lo que te dejaste anoche en mi casa- Y le puso en la mano sana un pañuelo con los cuatro dedos que le faltaban.
No es la primera vez que comparto con ustedes una hiostoria de mi familia, especialmente de Doña Elena, mi abuela paterna. Mujer decidida y valiente, con sus pro y sus contra, pero valiente al fin.
Ya no queda nadie en vida que me cuente sus historias y a veces temo que se me olviden. Es por eso que las comparto con ustedes, para darle vida otra vez. Al menos, durante el tiempo que dure la lectura.
La lavandera
Sabía que algún día las cosas se iban a poner feas pero tenía tantas deudas que no podía detenerse. Ser mujer, joven, madre y soltera nunca fue una buena combinación, especialmente en los pueblos del interior a cominezos del siglo XX.
No era justo que se le partiera la espalda en el fuentón de lavado o se le quemen las manos con las brasas de la plancha para ganar una moneda y que alguien piense que llevaba una vida fácil. No señor, no era fácil. Como tampoco era fácil criar y educar hijos sin la compañía del padre o ser una empleada doméstica y rechazar las propuestas indecentes si quedarse en la calle... Seguro que no... pero no imposible.
Los pensamientos de Elena podían adivinarse con sólo ver el modo de retorcer la ropa; parecía que retorcía su propia vida tratando de sacar todo mal recuerdo.
- Hola, buena moza. Aquí le traigo un poco de trabajo- dijo el hombre dejando una bolsa al lado del fuentón de lavado. Los ojos de Elena llenos de fastidio se cruzaron con la mirada libidinosa del visitante. Sabía lo que estaba buscando realmente pero sólo atinó a tomar la bolsa y arrojarla a un costado.
- Epa... despacito, muchacha... - y agregó con una sonrisa burlona- ¡...me gustan las fieras!
Con una mirada desafiante Elena le demostró su molestia. Los chicos vieron la escena y corrieron hacia la casa a esconderse pero el mayor se que dó a su lado por si debía estrenar su reciente adultez defendiendo a su madre.
- Pasado mañana tiene la ropa...- Estaba molesta con ella misma pero no pudo rechazar el trabajo.
El invierno hacía que el día fuera más corto y el trabajo más duro; las manos dolíandespués de tanto refregar ropa ajena. Sin embargo, era momento atender dolores sino de darle la cena a los chicos y llevarlos a la cama. En la oscuridad, quizás, encontraría un momento para sumergirse en sus pensamientos y dar rienda suelta a sus recuerdos.
De pronto, un ruido la sobresalta y la deja casi sin aliento, y ve como la puerta de madera se movía reflejando la sombra de alguien que intentaba entrar. El terror casi la había paralizado pero el suspiro de ensueño de uno sus hijos la fortaleció. El intruso, que no reconocía límites a sus intenciones, metió la mano por la abertura que quedaba entre la puerta y el marco para quitar la tranca y entrar. Pero Elena no lo permitiría, ¡no señor, de ninguna manera! Casi sin pensarlo, tomó el machete que tenía sobre al aparador y le asestó un golpe en la mano.
A la mañana siguiente, luego de darle a sus hijos el desayuno, los dejó bajo el cuidado del mayor. Ni el frío ni la llovizna iban detenerla. Se envolvió en un poncho y salió a terminar lo que había comenzado la noche anterior.
Era casi mediodía cuando llegaba al tercer hospital en una recorrida obsesiva. Y allí lo encontró, sentado en la sala de guardia con la mano vendada, la mirada del hombre ya no demostraban deseo sino un odio feroz y un dolor intenso.
- Tomá - le dijo extendiendo su mano- acá te dejo lo que te dejaste anoche en mi casa- Y le puso en la mano sana un pañuelo con los cuatro dedos que le faltaban.
Etiquetas:
Recuerdos de familia II
jueves 6 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









